lunes, 29 de mayo de 2017

Dieta variada

Como un abejorro inquieto bajo las luces, constreñido en la estrechez del pasillo, lo sentí revolotear. Lamenté no poder ahuyentarle. Llegó incluso a asomar por encima de mi hombro la cabeza cubierta por rizos flojos. Destrozó el momento mágico de la primera lectura: la del lomo del libro, la que dispara una expectación comparable a la primera caricia. No aguanté más, me volví. Era alto, desgarbado. Los rizos me hicieron sospechar un laxo apretón de manos, siguiendo mi particular senda fetichista las busqué: alargadas, estrechas, poco varoniles.
Se quitó las gafas. Perdone, dijo, necesitaba ver los títulos de la letra ce. De la letra ce, respondí. Sí, escojo las lecturas por orden alfabético. Es muy útil que la librería los ordene de este modo, así tengo la certeza de no perderme ninguna. Ninguna, ¿eh?, contesté empezando a interesarme por su voracidad. Si siempre como carne de primera termino por no saborearla, sentenció sonriendo, encogiéndose de hombros resignado a su suerte de predador, mientras me abrazaba su mirada magnética.
Terminé con la zeta hace tres meses, es mi segunda vuelta, me oí decir.

FIN

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