lunes, 26 de octubre de 2015

El aficionado

«Dicho sea entre nosotros ese asunto hubiera habido que liquidarlo de una forma más precisa». Y ¿quién era yo para dar opinión? No me lo perdonarán. Pero, al fin y al cabo, he cumplido: el coche se hunde en el pantano. Juré que cumpliría y he cumplido.

Aguardo. Lanzo piedras a la superficie oscura. Una burbuja explota. Aparecen unas pocas más. Y más. Cualquiera diría que he resucitado a los viajeros; que piden ayuda con sus gargantas apestosas. «Es cuestión de deshacerse de unos muertos» dijeron. Muertos, sí, eso mismo dijeron, seguro. El pantano enmudece por fin. Suspiro y vuelvo a las piedras, ¿qué si no? Eso y lanzar anillos de humo con mi último cigarrillo es lo único que me resta por hacer.  Si no vienen, ¿cómo sabrán que he cumplido? Ya lo sé: no les importaba. Nunca les importaron los muertos, solo el vivo.

Marusela Talbé (Enviado al VII Concurso Microrrelato Getafe Negro, con frase inicial obligada) 

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