domingo, 28 de junio de 2015

La decisión

Cae la tarde, pesada y tormentosa, en un pueblo aragonés. Durante unos instantes, entre los pájaros sobrevuela el aviso de megafonía: “El tren con destino a Madrid sufre un retraso de veinte minutos. Perdonen las molestias”. Una pareja detenida al borde del andén inicia la marcha despacio.
—Tomemos algo —dice el hombre cambiando la maleta de mano—,  así podré olvidarme de este peso durante un rato.
—Yo no quiero nada, pero tómalo tú.


—Una cerveza.
—¿Caña o pinta? —pregunta la mujer al otro lado del mostrador.
—Una pinta  —contesta él apartando la maleta de su taburete y acercándola a los pies del de su compañera.
Ve su mano, pequeña y pálida, reposar sobre el acero de la barra y la toma entre las suyas.
—Hazlo solo si estás segura. Quiero lo mejor para ti.
—Yo soy la menos importante.
—Eso no es cierto. ¿Por qué piensas así? No debes pensar eso
—La pregunta es ¿lo mejor para los dos o lo mejor para los tres?
—Si no quieres no lo hagas.
—¿Crees que todo seguirá igual después de…decidirme?
—Lo creo. Yo te quiero.
—¿Sea cual sea la decisión?
El hombre suspira, tarda unos segundos en contestar.
—Todo irá bien entre nosotros.
—¿Seguro? Yo creo que si no lo hago, irá mal. Tú quieres que… me opere. Dices que decida yo, pero sé que tú quieres que lo haga —replica la mujer que mira con tristeza la maleta.
El hombre también la mira. Sin duda es demasiado pesada para que la cargue ella sola.
—Tienes razón, quiero que lo hagas.

Marusela Talbé
Recreación de Colinas como elefantes blancos, con toda mi admiración a Hemingway

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