martes, 24 de marzo de 2015

Un día cualquiera



La tarde decaía y se estaba bien en la terraza del hotel en la que el Consorcio de Comercio nos obsequiaba con un cóctel tras la conferencia y la sesión de trabajo.

━Vamos a hablar con Carlota ━sugirió Luisa.

Mi marido vino con nosotras. Me chocó. Carlota tomó la batuta “conversadora” tras saludos y besos en las mejillas. A los pocos minutos, Luisa se quejó de dolor en los pies y mi marido le acercó una silla de las que anhela cualquier “coctelero” tras media hora de permanecer de pie y hacer equilibrios con la copa y los canapés.
Mi marido iba por la tercera cerveza, Luisa seguía con su copa de agua mineral de “alta costura”, igual que ella; Carlota bebía la segunda copa de blanco, como yo.
Puede que el vino además de afectar la cantidad de su verborrea, afectara también la calidad porque comenzó a contar cosas importantes.
━Me separé hace un año. Un trauma. Para mí, un trauma.
━Pobre ━dijo Luisa con expresión triste.
Luisa tenía la virtud de empatizar con rapidez. A mí sin embargo me costaba. Ella afirmaba que era cuestión de entrenamiento y una manera muy útil de conectar con los clientes.
━Pues sí. Yo aguanté mucho, pero mucho. Estaba muy enamorada. Vamos, para no darme cuenta de que tenía otra vida, mujer, otros hijos ━Nuestros rostros debían reflejar el más completo asombro: así que eso no sucedía solo en las películas de la sobremesa del sábado━ Sí hija, sí. Seis años, seis, que se dice pronto.
━¡Qué horror! A mi me hace eso mi marido y lo mato. Otra cosa es una aventurilla. Por mi parte, claro, no por la suya ━añadió Luisa, majestuosa en su silla.
━El problema es si no lo sabes a tiempo de evitar la traición ━intervine extrañamente molesta por la presencia de mi marido en la conversación. Él lanzaba miradas alrededor. Yo también. Lo cierto es que no había nadie conocido a quién saludar.
━De todas formas las mujeres vamos espabilando, no te creas. Hay cada una que ni Casanova ━sentenció Carlota.
Yo reí por hacer algo, por animarme. La comparación le había salido mitad crítica, mitad envidiosa. Era sincera, no cabía duda.
━Pues eso es lo que tienen que hacer, espabilar ━dijo Luisa entre carcajadas.
━Qué pensáis que abunda más en esta reunión, ¿cornudos o cornudas?
No sé por qué hice esa pregunta, la verdad, me pasó por la cabeza y se materializó por efecto del Rueda, seguro. En ese momento mi marido preguntó a Carlota si quería una silla y antes de que le contestase salió disparado a buscarla. La conversación quedó en suspenso hasta que volvió con ella.
━¿Y a tu mujer no le vas a traer una? ━le reprochó Luisa sonriendo desde su trono.
Mi marido se había sonrojado como un adolescente. Hice memoria de cuánto hacía que no le veía así. No demasiado, puede que un mes, entré sin llamar en el despacho y él bajó la tapa del portátil con rapidez, he terminado por hoy, aclaró.
━Hace calor, ¿no? ━dijo al ofrecerme la silla antes de apurar la cerveza que le quedaba en la copa.
Luisa y Carlota estuvieron de acuerdo en que la tarde era bochornosa y continuamos hablando del tiempo hasta despedirnos.

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