lunes, 9 de marzo de 2015

Una hoja en blanco. El principio de una historia.

—Hola, soy Telma y soy escritora.


Era como lo había soñado: una librería con mucha gente esperando que les dijera unas palabras y haciendo cola para comprar mi libro y llevárselo firmado. El triunfo me acompañaba. Mi obra detrás de mí, en un gran cartel, y yo dando las gracias a aquellos que me ayudaron a conseguirlo. Además de la excelente presentación que había hecho de mí la editora, encantada por la crítica más que favorable de los expertos.


Resultaba gratificante ver mi sueño cumplido. Me había empeñado en colarme en ese mundo dónde solo unos pocos tenían sitio. Entré por la puerta grande encantada con mi suerte. Muchos de los compañeros ni siquiera llegaban a rozarla.


Ahora me tocaba dar la talla. En pie, bajé la vista y me dispuse a hacer lo que debía...

—Hola, soy Telma y soy alcohólica.
Por fin lo solté y dije en alto lo que era. A pesar de ello, de lo que me aseguraron, no me sentí redimida ni reconfortada, ni siquiera distinta. Ahora sí que necesitaba un trago, y de los largos. Me atreví a mirar esas caras que se giraban hacia mí intentando averiguar los motivos por los que me encontraba ante ellos. Sus ojos fijos los percibía dentro, sondeando en mi cabeza, buscando los porqués. Me avergonzaba hablar.

—Hace tiempo quise ser escritora y lo conseguí. Los amigos y la familia me animaban, las editoriales me llamaban solicitando mis manuscritos…, el mundo me aclamaba. Tuve el triunfo en mis manos. —Guardé silencio y tomé aliento—. Más tarde llegó la nada… La maldita hoja en blanco.

Me costaba continuar. Mi mente iba por otros derroteros. A ella no le gustaba lo que estaba haciendo. Ella quería adormecerse de nuevo, sin preocupaciones: “¡Confesarse, qué estupidez! ¿Acaso recuperarás todo lo que perdiste?... Ya lo has hecho, ¿y ahora qué?… Todos estos que te miran con sonrisa benevolente no son mejores que tú: fracasados a tiempo completo. Desilusionados. Han dejado de sentir y se ha refugiado en este lugar. Se apiñan en grupos para protegerse. Estúpidos, no saben que están solos. Tal vez piensen que buscas su perdón. Que se lo queden. Es preferible que sigas bebiendo, olvidar este mundo que solo te causa dolor y volver a tú rincón donde solo el silencio reparador te acompaña.”
Continúe hablando con la vista baja. No quería ver sus rostros, estaba avergonzada. Tal vez habían leído mi mente y sabían lo que pensaba de ellos.

—…A pesar de mi fracaso, durante un tiempo seguí rellenando folios con relatos que nadie leía y seguía bebiendo Bourbon con cada decepción. Malas historias que me llevaban a ninguna parte. Creí que tendría una nueva oportunidad de colarme entre la élite y casi sin darme cuenta me colé, pero no donde yo quería, sino en otro mundo distinto. Uno que me ayudó a evadir los problemas y me alejó aún más de la persona que fui. —Otra vez se me atascaron las palabras. Todos los ojos me miraban intrigados. —El fracaso llamaba a mi puerta con cada intento, con cada palabra que hacía aparecer en el inmaculado folio. Comprendí que emborronar hojas no era escribir. Las historias debían llegar, clavarse en el lector como un aguijón que le dejase herido para siempre. Y eso yo no supe hacerlo de nuevo. La pluma de la musa había rozado mi frente solo una vez y después, borracha de éxito y de alcohol, no supe continuar sola —bajé el tono—. Todas las historias se fueron de golpe y quedó el vacío, el más doloroso, el que me impedía poder contarlas. Después de ese, fueron naciendo los demás vacios, que ya no me importaron: el de las editoriales, de los amigos, de las personas que me querían...,—suspiré y levanté la vista—. Ese desierto en el que me adentré ha durado hasta hoy. Pero por fin he decidido volver a intentarlo y rellenar algunos de esos huecos…

Guardé silencio y el resto lo guardó conmigo, un segundo, dos… Temblaba. De pronto un hombre se puso en pie aplaudiendo y con él arrastro al resto del auditorio. Comprendí que había llegado a la meta. Sería un éxito. Miré a mi agente que se acercó sonriendo y me abrazó.

—La señorita Telma Reviriego les ha leído el primer párrafo de su libro “El principio de una historia” Una novela desgarradora sobre el fracaso. Solo quiero comentarles una cosa más. Aunque la protagonista de la novela se llama igual que ella, en común solo tiene el nombre. Nuestra novelista es una triunfadora —dijo señalando el cartel que tenía a su espalda—. Ahora, nuestra gran autora pasará a firmar sus ejemplares. Gracias a todos por su presencia.

Mariló Jimenez

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