sábado, 22 de noviembre de 2014

Verde que te quiero verde



—Cada uno en su lugar: tú, al junco; tú al estanque bajo los nenúfares —ululó el búho desde la rama más alta del chopo.
—¡No! Yo quiero vivir con Cancionero en el estanque. Bañarme, cantar con él, cuidar de sus alevines...—dijo la mantis sacudiendo con coquetería las antenas como si fueran alas de mariposa.
—Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible —sentenció el señor del bosque.
—¿Y yo? ¿No puedo mudarme al junco? —preguntó el sapo cambiando el color verde parduzco de sus mofletes por un rubor que brillaba como si se hubiera tragado dos luciérnagas.
—Pero  ¡sapo de Dios!, ¡¿ cómo vas a a vivir en el junco?! Lo doblarías con tu peso y Teresa se ahogaría. ¡Ay!, habéis tenido mala suerte...Sois una de esas parejas de amantes a la que solo le es permitido el amor platónico. Pero animaos, si permanecéis  fieles a vosotros mismos, algún día, alguien escribirá vuestra historia y os hará inmortales.
—¡Pues vaya consuelo! — croó el sapo.
—Encima, utilizados —apuntó la mantis— .Reclamo mi derecho a la intimidad y exijo que mi imagen no se use sin mi consentimiento.
—También yo —, añadió el sapo moviendo sus ojos de globo que parecían volar hacia su enamorada.
—El vuestro es un amor contranatura. Si Teresa viviese contigo cuando te poseyera el hambre te la comerías, Cancionero.
—O yo a él. Eso es asunto nuestro — protestó  la mantis —. Pareces un pájaro de mal agüero en lugar de un ave sabia.
—Hay un orden natural y tiene que ser respetado.
—Por eso mismo: si lo natural es que el sapo se alimente de mantis  religiosas no debes ser tú quién se interponga—razonó Teresa, cruzando una antena con otra y mirando con uno de sus hexágonos visuales a Cancionero que saltó de alegría hasta caer del nenúfar.
—¡Cáspita! Tienes razón. Bien, allá vosotros —concedió el búho emprendiendo el vuelo hacia otro árbol.

Cancionero se transformó en un sapo vegetariano y Teresa en una mantis nunca satisfecha. Así pudieron amarse, contra el orden natural, durante toda su vida.

Marusela Talbé


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